Hemos vuelto de las vacaciones de Navidad y son muchos los acontecimientos que hemos vivido, de muy diversa índole. Ciertamente continuamos con la necesidad de juntos, ser responsables, sacrificar nuestras “apetencias” y velar por el cuidado de los demás pues esta pandemia nos pone a prueba constantemente.

 

Un año nuevo que comienza con esperanza, Dios nos lo recuerda cada vez que celebramos este tiempo litúrgico; en Jesús encontramos el Testimonio verdadero de Vida y también en muchos más, amigos fuertes de Dios, personas como tú y yo que vivieron cada momento muy comprometidas e implicadas.

 

En estos días en el Instituto Calasancio recordamos a M. Victoria Valverde, religiosa calasancia y en ella podemos descubrir grandes cualidades y valores tan esenciales para nuestra vida y que son ejemplo de implicación total. Ella lo demostró en su momento haciendo vida el Evangelio: siendo superiora del colegio de Martos, prefirió morir antes que abandonar a sus hermanas; su amor por la Congregación y por su comunidad, le venció hasta dar su vida; su entrega salvó a otras personas. Miramos a la M. Victoria como la mujer que pasó haciendo el bien, fue una mujer entregada, valiente, fiel, constante, y que en momentos de dificultades se fio del Señor y fue respondiendo a su llamada.

 

Juntos oramos:

 

Señor, Padre nuestro,

Tú concediste a M. Victoria

la gracia de entregar su vida por Cristo

al servicio de la Iglesia

en el Instituto Calasancio,

y la fortaleciste para permanecer siempre fiel

en su seguimiento

y aceptar generosamente

la prueba del martirio.

Ayúdanos en nuestra debilidad

Para que también nosotros, como ella,

permanezcamos firmes en la fe

y dispuestos a entregar la vida por los demás.

Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén